Al ver el título y el idioma, junto con la clásica melodía de pianito en los títulos de crédito, pequé de prejuicios y dije "Joder otra películita francesa". Metedura de pata, puesto que tiene nacionaliad Canadiense. Es muy reciente, 2011, y está dirigida por Philippe Falardeau.
Es una película sencilla, brillantemente interpretada por Mohamed Fellag, que no tiene más pretensiones que ser una historia sobre la muerte, el duelo, la aceptación del dolor, la violencia, el desarraigamiento...pero sobretodo, una historia sobre el amor a la enseñanza.
Está múltiplemente premiada, pero no me voy a poner aquí a hacer una lista, si queréis lo buscáis vosotros.
Pues eso, pese a que no tengo el cuerpo últimamente para pelis de dramas y críos, ésta en concreto me gustó. Tiene la duración justa, no sé por qué a veces existe esa tendencia de alargar las películas más de lo necesario, cuando no lo precisan para contar lo que quieren contar.
Recordad, ¡la economía es una virtud a valorar! no como estoy haciendo yo ahora, enrollándome. Saludos de la Matarrubia.
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